Miriam Latorre analizó una nueva edición de las Jornadas Regionales y Públicas ante los desafíos que impone la IA

Miriam Latorre analizó una nueva edición de las Jornadas Regionales y Públicas ante los desafíos que impone la IA
Tras la realización de una nueva edición de las Jornadas Regionales por la Educación Pública en Chivilcoy, la docente e integrante del comité organizador, Miriam Latorre, visitó los estudios de Radio del Centro para realizar un balance exhaustivo sobre el desarrollo de las actividades, el compromiso de la comunidad y los debates pedagógicos contemporáneos, fuertemente atravesados por la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Durante la entrevista, Latorre remarcó que esta edición representó un claro paso de consolidación tanto hacia adentro de la institución como hacia la comunidad en general, un hito significativo teniendo en cuenta que el próximo año el evento celebrará una década desde su inicio. “Sentimos que estas jornadas fueron de consolidación del evento. El año que viene cumplimos diez años de la primera edición, así que hubo algo de consolidación social hacia dentro de la institución, pero también hacia la comunidad. Y eso lo vimos en cuanto a la calidad de las propuestas que recibimos y al tipo de talleres”, expresó la educadora.
En cuanto a la dinámica organizativa, detalló que se recibieron más de 60 trabajos y finalmente se llevaron a la práctica unas cincuenta y pico de propuestas a lo largo de tres jornadas consecutivas. La totalidad de las actividades se concentró en el horario vespertino para coincidir con la franja de cursada de los estudiantes, sosteniendo la lógica de trayectos alternativos. En ese esquema, los alumnos eligen a qué taller o charla asistir y luego socializan lo vivido: “Muchas veces grupos de amigas o amigos se reparten y dicen: ‘ustedes vayan a esta actividad y después nos cuentan qué pasó'. Y ese es un poco también el espíritu de las jornadas”, graficó.
El cronograma ofreció una amplia gama de temáticas y formatos que trascendieron la rutina curricular habitual. Se presentaron libros y producciones académicas elaboradas por docentes, lo que pone de relieve la generación propia de conocimiento dentro del nivel terciario. Asimismo, se habilitaron espacios de debate para abordar problemáticas complejas que atraviesan la vida escolar pero que no siempre encuentran un canal directo, tales como la muerte, el suicidio y las ausencias de compañeros en las aulas, junto a iniciativas que utilizaron la poesía como herramienta de análisis. En simultáneo, el profesorado de matemática intervino todo el hall de entrada con juegos para plantear un acercamiento alternativo a la disciplina, mientras que las áreas de ciencias naturales y literatura coordinaron un taller interdisciplinario donde construyeron un neobestiario a partir de la observación directa de especímenes e insectos reales.
Uno de los momentos centrales del encuentro fue la conferencia de apertura brindada por Tomás Balmaceda, quien convocó a un numeroso auditorio que incluyó también a personas no vinculadas directamente a las carreras docentes. La exposición giró en torno a las transformaciones tecnológicas y el impacto de la inteligencia artificial generativa. Sobre este punto, Latorre prefirió distanciarse de la idea común de ‘aggiornamiento’ y propuso hablar de ‘interpretar los tiempos en los que enseñamos’. Según explicó, la esencia del aprendizaje humano conserva sus bases históricas —mirar a quien sabe, escuchar explicaciones claras, ejercitar y leer textos complejos—, pero el desafío radica en comprender cómo las tendencias del entorno modifican el vínculo con el saber.
En esa línea, Latorre analizó la problemática de la inmediatez y la cultura del acceso instantáneo que planteó Balmaceda en su disertación: “Él trajo algo que tiene que ver con la inmediatez, que es algo que todos decimos, como que los pibes ahora quieren todo ya. Bueno, nosotros como adultos también, porque en el momento en que uno entra en el scroll infinito o en buscar algo y ya tenerlo resuelto, es parte de esa forma de consumo cultural”.
Frente al cuestionamiento de los estudiantes sobre qué sentido tiene esforzarse en resumir un texto si un sistema automatizado lo hace en segundos, la docente remarcó que la responsabilidad pedagógica exige revisar los propósitos de las tareas escolares. Sostuvo que, si la consigna solo busca repetir lo que dice un autor, la máquina lo resolverá de inmediato; en cambio, el foco debe orientarse a procesos de cognición superior, estimulando la comprensión profunda y la producción de ideas originales y renovadas.
Para dimensionar la velocidad de los cambios, Latorre mencionó el caso de un empresario del sector petrolero con quien conversó recientemente, quien opera diariamente con 25 agentes informáticos que realizan tareas de forma automatizada mientras él descansa o asiste a reuniones. Ante esa realidad, planteó que la escuela no puede fingir que estos avances no existen. Propuso que las aulas funcionen como laboratorios de experimentación donde se pierda el miedo al error y se supere el uso básico de la tecnología como mero buscador de respuestas. Señaló, a modo de ejemplo, que tareas docentes que antes demandaban un esfuerzo descomunal, como la elaboración minuciosa de rúbricas de evaluación con sus respectivos criterios e indicadores, hoy pueden resolverse rápidamente mediante sistemas informáticos: “Hay cargas de las que podemos liberarnos. Entonces, con esa liberación de tiempo en esas tareas, ¿para qué lo vamos a usar? Esa es la pregunta para mí”.
Latorre destacó que con la irrupción de la inteligencia artificial y la facilidad para generar contenidos de forma inmediata, el foco y el gran desafío de la educación actual deben ponerse en la comprensión más que en la simple elaboración.
“Antes, los estudiantes debían elaborar primero el contenido (como un resumen) y a partir de eso comprenderlo. Hoy en día, herramientas como la inteligencia artificial pueden generar borradores, trabajos o resúmenes de manera perfecta en segundos, lo que desplaza el esfuerzo de la elaboración mecánica”. Asimismo, la educadora señala que en los niveles obligatorios de educación sigue vigentes prácticas como pedirle al estudiante que explique algo con sus propias palabras, ya que "solo aprendés lo que podés decir o elaborar". Si el alumno logra explicar cómo o por qué hizo algo, es una señal de que el proceso de comprensión pasó efectivamente por su mente.
“Si una consigna pedagógica exige únicamente repetir de memoria o replicar textualmente lo que dice un autor, la IA lo resolverá de inmediato”. Por el contrario, “el aprendizaje real debe pasar por la cognición de la persona, requiriendo procesos mentales de orden superior —como conectar ideas, leer obras complejas y construir algo original— para garantizar que realmente se haya comprendido el tema”, consignó.
Por otra parte, la docente valoró el rol de los formadores al momento de acompañar y dar confianza a los futuros educadores para que se animen a exponer sus investigaciones frente a un público real en un entorno cuidado y respetuoso, superando los temores lógicos a la exposición en época de parciales.
Asimismo, Latorre subrayó que, más allá de la potencia técnica de los algoritmos, existe un componente irreemplazable en el acto educativo: la construcción comunitaria y el encuentro presencial dentro del aula. En ese sentido, celebró el carácter regional que adquirió la convocatoria, al contar con propuestas de institutos de formación docente de Bragado y 9 de Julio, así como de especialistas de la Universidad Nacional de La Plata. Remarcó con orgullo que un instituto terciario sostenga un ámbito de producción y divulgación del saber de semejante calibre, un rol habitualmente reservado a las universidades.
Con miras al futuro, el comité organizador ya inició los primeros intercambios y registros de propuestas para proyectar lo que será la décima edición de las jornadas en 2026, con el propósito de celebrar la trayectoria del espacio y continuar profundizando los debates pedagógicos que demanda la época.
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